Sustancias psicoactivas y la crisis del prohibicionismo

Desde hace años en Argentina, y en diferentes sociedades alrededor del mundo, se vienen suscitando procesos de apropiación y empoderamiento sobre los usos de las sustancias psicoactivas cada vez más visibles, lo que propone un cambio de paradigma con respecto a la regulación de “las drogas” y sus usos.

Nuestro país, como la mayoría de los países del mundo, se rige por un paradigma prohibicionista que promueve la estigmatización y persecución penal de los usuarios. Una propuesta punitiva con más de 30 años de historia que, lejos de ser una solución, se volvió una negación del uso real que la sociedad le da a esas sustancias prohibidas con consecuencias cada vez más complejas.

Desde una mirada individualista podemos criticar esta visión desde el derecho privado. Para ser claros, nos referimos a la penalización de los individuos por tenencia para consumo personal y la tenencia simple. Se trata de acciones que no dañan a terceros ni a terceras y que si se trataran de conductas problemáticas, deberían ser institucionalizadas por agencias médicas, no por las penales.

El inicio del paradigma prohibicionista

Si bien en la actualidad para muchas personas que “las drogas” sean sustancias prohibidas y perseguidas es algo indiscutible, casi una obviedad, se trata de un concepto que tiene poco más de 100 años de antigüedad.

Esta expresión (o herramienta) hace referencia a una serie de ideas desde las cuales se imponen normas, reglas y sanciones en pos de resguardar y cuidar determinado estilo de vida en lo privado y lo público, eso que se considera “bueno”, “verdadero” y, en casos extremos, “puro”.

Todo inició en Estados Unidos con la Ley Seca (1919 – 1933) que, aunque no fue el primer país en la historia en intentar resolver a su manera la problemática de las drogas, jugó un papel decisivo en la instalación del prohibicionismo a nivel mundial a través de la influencia de organismos internacionales rectores.

Aunque muchos creerán que la salud fue el argumentó regente de esta propuesta, los verdaderos orígenes restrictivos de determinadas sustancias estuvieron vinculados a cuestiones étnicas, sociales o políticas. La cuestión sanitaria es una fundamentación mucho más reciente.

En Argentina, por ejemplo, si bien la prohibición del cannabis fue posterior, en el siglo XIX fumarla era considerado por las clases dominantes como “cosa de negros”. Las razones no eran otras que desalentar prácticas consideradas denigrantes por estar ligadas a los esclavos.

La principal hipótesis del prohibicionismo siempre fue evitar el acceso a las sustancias. Desde una mirada liberal, consideraban que la persecución de la oferta se traduciría en el aumento de precios y esto desalentaría la cadena a de producción y venta. Por supuesto esto no sucedió, la disponibilidad siempre fue en aumento y en consecuencia, los precios bajaron.

Bajo ese mismo análisis consideraban que, al circular menos drogas por los altos costos, dejarían de existir los dealers y vendedores al menudeo. Otra lectura errada, involucrarse en la cadena de producción de sustancias prohibidas se volvió una “salida laboral informal” que fortaleció el microtráfico.   

Una alternativa menos dolorosa

No tenemos una respuesta que resuelva la problemática de las drogas. Lo que si tenemos es la certeza de que el paradigma actual lejos de resolver, profundiza las consecuencias de una guerra sin cuartel que deja más víctimas inocentes que culpables.

Terminar con la penalización de la tenencia para consumo personal y la tenencia simple de menor cuantía, regulando las sustancias. Una alternativa a seguir respecto de la criminalización de la producción y comercialización, entendiendo que la legalización permitiría erradicar (o disminuir) las acciones delictivas relacionadas directamente al tráfico ilegal a gran escala.

De esta manera viviríamos bajo un paradigma que respete acciones de la vida privada que no afecten a terceros; colaboraríamos en la descompresión de un sistema judicial abarrotado por causas penales insignificantes respecto a la solución de la problemática de fondo; y se producirían nuevos ingresos para el Estado a través de impuesto que implicarían una importante porción del presupuesto público que actualmente se traduce como un gasto millonario.

2 respuestas a «Sustancias psicoactivas y la crisis del prohibicionismo»

  1. No hace mucho leí que la OMS, aprueba el uso del cannabis medicinal y prohíbe el uso del Tramadol, medicina derivada de opiódes. Pero aquí no se autoriza el uso del cannabis para todas las enfermedades. Me recetaron Tramadol por meses y mi adicción aumentaba por los requerimientos de la patología. Mi neurólogo, un médico de mente abierta, me aconsejó el uso del cannabis. Tuve mis prejuicios antes de adoptarla como terapia. El cambio fue maravilloso!!! Fumé hasta que tuve mi propia producción para hacer el aceite. Y después de UNA SOLA VEZ que fumé 3 SECAS, lo hacía cada 10 ó 15 días. Y mi dolor reducido a NADA. Y LUEGO CADA VEZ MÁS ESPACIADO!!! Necesitamos legisladores que estudien sobre sus propiedades y legalización del autocultivo. Aunque sea para uso recreacional, basta de persecución! Nos hemos estancado en el tiempo y dejado en manos de unos pocos, lo digo por la experimentación en Jujuy, el NEGOCIO del cannabis. Cuándo en verdad, con la legalidad, el Estado estaría, en muchos casos, ahorrando dinero en Salud.

    1. Se trata de algo natural, tiene miles de usos y solo esta prohibida por el lobby de los mega concervadores y aquellos que solo buscan defender sus interes económicos. Con el cañamo podríamos dejar de utilizar plastico, creo que algunos empresarios no estarían muy felices.

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